sábado, 10 de septiembre de 2011

LOS NIÑOS ¿NUESTROS MAESTROS?


"Solo cuando aprendamos a ver el mundo con ojos de niño, habremos completado nuestro verdadero crecimiento." (Elvis Canino)

“Los niños son nuestros maestros”. La mayoría de los adultos no solo no toman en serio esta afirmación, la cuestionan, a veces se ríen y me dicen en mi cara que es una locura. No es de extrañar que su mundo y todo lo referente a él, sean la verdadera locura.

Ser adulto, para la mayoría de ellos, es haber superado esa etapa inocente e ingenua llamada niñez y haber logrado la cordura, la inteligencia y la sensatez necesarias para ser alguien medianamente normal y aceptado en el “mundo real”.

Según la mayoría de los que integran este mundo Adulto, es imposible o más bien poco lógico, que alguien que vive jugando, imaginando cosas y que además no sabe “ganarse la vida decentemente”, pueda enseñar algo. Por lo menos algo que el perfecto juicio de los mayores catalogue como “cuerdo” o productivo. Cosas como explorar, preguntar u observar solo pueden hacerse cuando el objeto de estudio es "algo serio” o genera beneficios financieros o intelectuales. De lo contrario se trata de una total pérdida de tiempo.

Según el criterio del mundo Adulto, ser niño es algo hermoso, pero tarde o temprano debe ser superado. Por lo que se han diseñado escuelas, que cada vez más temprano, deben ir enseñando lo que es hacer fila, cumplir horarios y aprender cosas tontas que te permitirán establecer una conversación lógica con cualquiera de sus miembros. Por cierto, una de las principales funciones de estas, es enseñarte quien es el verdadero maestro en su mundo: ELLOS.

Aprender a desconfiar del prójimo y a competir son otras de las cosas que se te enseñan desde temprano. Pues el éxito y la inclusión son claves fundamentales para la supervivencia segun su criterio.

En el mundo Adulto o aprendes a ganar, o eres nadie. Jugar tiene para ellos un significado diferente, juegan para ganar. ¿Jugar por jugar? Eso es para bebes.

Los adultos usan estimulantes artificiales para marearse y reír. Olvidaron lo sencillo que es hacerlo dando vueltas y vueltas.

Los adultos leen la prensa para preocuparse y comentar sobre lo que sucede en el mundo, olvidan que si perdonaran, jugaran y amaran más, las cosas serían más sencillas y los titulares hablarían de cosas verdaderamente importantes como el Amor.

Solo contemplan los colores para escoger un auto, aceptar o rechazar a una persona, saber si un billete vale más que otro o deleitarse con lo que ellos llaman joyas. Pocas veces lo hacen para admirar un atardecer o las alas de una mariposa.

Pasan mucho tiempo con el ceño fruncido y han olvidado el arte de reír por nada. No es extraño verlos camino al trabajo con cara de pelea.

Rara vez se detienen a mirar el cielo, y han dejado atrás el delicioso arte de ver las infinitas formas que adquiere una nube mientras pasa por encima de nuestras casas.

Se cubren para no mojarse cuando llueve y pretenden enseñarnos a hacer lo mismo, diciéndonos que las deliciosas gotas de lluvia solo traen resfriados y catarros. Estoy seguro de que si pasaran más tiempo saltando en los charcos, estarían más cerca de Dios que cumpliendo su puntual, seria y a veces obligada cita dominical con él.

Los adultos solo hablan y se ocupan de temas serios, si les dices que acabas de contemplar una fila de hormigas trabajando, te rascarán la cabeza y seguirán atendiendo sus serios y urgentes asuntos.

Ensuciarse en su mundo solo es válido para ganarse la vida; jamás verás a un adulto serio ensuciándose las rodillas para ver de cerca un caracol o para escarbar la cueva de una lombriz y ver que hay dentro.

Los adultos no juegan con sus vecinos, bueno…….a veces lo hacen, pero solo para ganar trofeos y demostrar que son superiores.

Han olvidado amarse a sí mismos, por lo que saborear su propio moco o disfrutar de su propio olor sin perfumes, son conductas inapropiadas, no es de extrañar que siempre vivan renegando de su cuerpo y buscando parecerse a otros.

Ellos adoran la hipocresía, no les importa hablar mal del ausente. Olvidaron la espontaneidad y la sinceridad de un niño, de hecho las condenan y castigan.

Casi no juegan, casi no ríen, casi no aman, casi no sueñan, casi no se acuestan en la grama, casi no dicen la verdad, casi no se ensucian, casi no cantan, casi no caminan descalzos, casi destruyen el planeta donde viven ¿y son los niños los que deben aprender de ellos?

Una vez alguien me dijo que estaba bien pensar como niño, pero con la sensatez del adulto y con “los pies en la tierra”. Después de reflexionarlo mucho, creo que mejor pongo los pies en la luna y me quedo aprendiendo solo de los niños y de los pocos adultos que son como ellos.

Por Elvis Canino

sábado, 27 de agosto de 2011

CRIAR CON RESPETO EN EL MUNDO DEL EGO!!!!!!!!!!!


"Las personas mayores son decididamente muy extrañas."
(El Principito)


Quería encontrar una definición para “crianza con respeto”, aunque debo admitir que no me gustan las definiciones, pero algunas veces me las piden simplificadas y no está de más tenerlas a mano en esos casos, y me topé con un concepto de la palabra “respetar” en mi diccionario que me llamó muchísimo la atención, cito:
Respetar: Conservar una cosa sin dañarla. (Diccionario Larousse)
“Sin dañarla”…..eso es una definición perfecta si hablamos de la crianza de nuestros niños. Es bien sabido que todo padre o madre (o mejor dicho y lamento que así sea, la mayoría) desea solo “lo mejor” para sus hijos, haya adoptado la forma de crianza que sea; esta es la meta común para prácticamente todos: “lo mejor para ellos”. Pregúntale a cualquier progenitor qué es lo que desea para sus hijos y la mayoría te dirá lo mismo en los términos de su preferencia.
Por supuesto, “lo mejor” no significa lo mismo para todos, para unos puede ser felicidad, para otros el bienestar, la prosperidad, el éxito, una larga vida, una buena educación…..y un sinfín de etcéteras que demuestran que como padres nos preocupa que nuestros hijos tengan una vida digna, respetable y feliz.
Ahora, por otro lado está la sociedad; la misma que nos formó a nosotros, que formó a nuestros padres y a los padres de los padres de estos. Y a la cual, tarde o temprano tienen que irse integrando nuestros hijos, pues viven dentro de ella, no queda de otra ¿o sí?
Pregunto ¿Qué es lo que espera la Sociedad de mis hijos? Muchos me responderán: Pues ¿qué va a ser? Lo mejor. De hecho, la función principal de la sociedad es velar por el bienestar de cada uno de sus miembros, por lo menos teóricamente.
Ahora……para la sociedad, ¿Qué sería realmente lo mejor para nuestros hijos?
Lamento admitir que los intereses de la Sociedad en la que tú y yo hemos crecido, distan mucho de los que como padre, YO personalmente tengo.
Vivimos y nos formamos en una Sociedad egocéntrica que nos ha enseñado a competir, a tener éxito para ser aceptado y aprobado, a ser obedientes, respetuosos (y con esto me refiero a sumisos) con nuestros mayores y todo aquel que la misma diga que está por encima en cuanto a autoridad se refiere.
Donde se le da una importancia exagerada a los títulos, a las calificaciones, a la aprobación externa, al que dirán los demás.
Donde los niños tienen que aprender a ser autosuficientes antes de tiempo porque Papá y Mamá tienen que trabajar, deben producir para poder vivir.
Donde los sistemas educativos están diseñados para crear seres autómatas, que siguen reglas, que respetan horarios, que no cuestionan, en pocas palabras, seres productivos. De lo contrario, como me han dicho muchos, sería la catástrofe, el fin del progreso, el regreso a las cavernas.
Donde las religiones, los gobiernos y demás autoridades nos dicen lo mismo: Obedece, “pórtate bien”, produce y enseña a tus hijos a continuar la cadena…..
Ahora, volviendo al concepto del respeto y analizando esto último ¿Eso es lo que quiero para mis hijos? Mi respuesta es un rotundo NO.
Mi respuesta es que lo que quiero para mi hija es que sea FELIZ (así, con mayúsculas), que sea “ella misma” siempre, no lo que “otros” crean que es mejor.
Que jamás, óigase bien, jamás espere la aprobación de nadie para sentirse valorada, ni siquiera de mí.
Que jamás permita que ningún maestro o “experto de la educación” le robe sus sueños con un comentario frustrante fuera de lugar o una calificación roja, y si lo hacen que ella sepa, que esa es la opinión de ellos……y no la suya propia.
Que jamás piense en ningún título colgado en la pared como su pasaporte a la felicidad y por ende al éxito.
Que jamás acepte etiquetas, ni para ella, ni para nadie.
Que simplemente nunca olvide que la FELICIDAD es y debe seguir siendo su estado natural, pase lo que pase a su alrededor…..justo como es ahora.
Que nunca me recuerde como una autoridad, o un "ser endiosado", sino como un humano común y corriente que simplemente trató de dar el mejor ejemplo que pudo, que predicó con acciones en vez de palabras, y que por supuesto se equivocó en más de una ocasión. Así ella entenderá que equivocarse no es dañino, malo o vergonzoso; si no humano.
Que nunca permita a nadie hacerla sentir vergüenza de su cuerpo o de su sexualidad, ya que la palabra tabú nunca existió en su entorno.
Que entienda que para ser respetado hay que respetar, por eso sus padres siempre lo hicieron con ella, tratándola como el ser completo y maravilloso que es y no como un ser incompleto e inferior, y mucho menos considerándola su propiedad.
En fin….. que sea libre de pensar lo que quiera, de decir lo que quiera, respetando el criterio de los demás y sin querer imponerse, pero a la vez, haciéndose respetar y escuchar.
Si crías con respeto, sabes como yo que no es nada fácil, que siempre vas a encontrar oposición del entorno. Cuando no es la familia, es la escuela, los vecinos, los mayores, el extraño de la calle. Siempre alguien te dirá que lo estás haciendo mal, pues normalmente los seres humanos juzgamos y señalamos aquello que no comprendemos o que simplemente se diferencia de los viejos patrones que se nos han inculcado.
Pero si volvemos al concepto que encontré en el diccionario cuando busqué la palabra “Respetar”, tendremos la clave del asunto: “Conservar una cosa sin dañarla.”
Si echamos un vistazo a nuestro mundo veremos que el mismo está muy, pero muy dañado ¿Acaso alguien lo duda?
De nada nos sirve tanto progreso, tanta tecnología y conocimiento, si somos una pila de gente que va por la vida con el ceño fruncido, deprimidos o enfurecidos, matándonos entre países y hasta entre familiares, buscando siempre al Gurú que nos enseñe el secreto de una vida feliz o gastando nuestro dinero en medicinas para aliviar el dolor o en adicciones que nos permiten evadir por ratos ese mismo mundo “perfecto” que hemos creado.
Entonces, me pregunto ¿Para qué criar sin respeto, a la fuerza, con mano dura? ¿Para dañar la esencia de nuestros niños y seguir provocando más de lo mismo?
Yo mejor me quedo en el bando de los “locos”, de los “raros”, de los “hippies”……..y le sigo enseñando a mi hija que el Mundo del Ego no es todo lo que hay……..

Por Elvis Canino

domingo, 7 de agosto de 2011

HEY, PAPÁ.......ES CONTIGO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


"La sociedad es en todos los sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros." (Ralph Waldo Emerson)

La Lactancia Materna es un acto de amor infinito en el que madre Hijo no solo cumplen un mero acto físico en el que se provee y se recibe alimento, como los ojos de la razón solo podrían verlo. Es mucho más que una función orgánica en la que un ser pasa un fluido de nutrientes a otro con el fin de garantizar la subsistencia de este último. Más allá de lo que nos puedan mostrar los ojos de la razón, cuando vemos a una madre amamantar a su bebé, estamos viendo uno de los intercambios de amor más intensos que cualquier función humana nos pudiera mostrar. Se trata de una especie de pacto que va mucho más allá de las funciones básicas animales de nuestra especie, o de cualquier otra. Se trata der una especie de “Aquí estoy, hijo” “Aquí estoy, Mamá”. Un pacto mágico. Cuando quieras contemplar el amor verdadero, este es uno de los actos donde mejor se expresa en su total magnificencia.

Pero aunque todo esto suene muy hermoso, existe una Guerra declarada de la Sociedad a la lactancia materna. Una guerra en la que cada vez se trata de acortar más el nexo Madre-teta-hijo en este hermoso y natural acto de “dar de mamar”. En la que se trata de involucrar un alimento creado en laboratorios (a partir de la leche de otra especie animal), que dice sustituir a la del pecho de la madre, como si de solo eso se tratara. En el que se utiliza el chupón (chupete) para satisfacer el instinto de succión del niño, como si también de solo eso se tratara. Donde se trata de reemplazar ese envase cálido, suave y repleto de amor llamado Teta por uno plástico, simple y carente de vida, llamado Biberón.

Una guerra donde muchos Pediatras son cómplices ciegos, mal informados por sus propias escuelas (Afortunadamente no todos) y confunden a la Madre diciendo que no puede dar de mamar, no tiene leche, el niño está bajo de peso, y una larga lista de “excusas de vendedor”, creadas para reemplazar o acompañar la teta real con la de plástico que se mide por onzas. Utilizando como referencia unos percentiles o tablas estándares de pesos y medidas, como si en vez de hablar de seres humanos únicos, habláramos de maquinarias diseñadas en serie a la medida de un ingeniero.

Una guerra donde la propia familia se encarga de hacerle la vida a cuadros (la mayoría de las veces sin darse cuenta) a la madre, quien no conforme con estar pasando por todo un proceso de cambios físicos, mentales y hormonales, debe también verse expuesta a una larga lista de juicios, observaciones, sugerencias, correcciones, críticas y en algunos casos hasta regaños que lejos de ayudar y dar paz, solo aumentan los niveles de confusión y estrés. Y lamentablemente convierten el hermoso intercambio de amor en una especie de acto condenable, que en la mayoría de los casos tratan de acortar a como dé lugar.

Todos hablan de su preocupación por la salud del niño: que si lo quieren ver gordito; que si debe tener los cachetes rosados; que si debe comer esto o lo otro, en vez de tanta teta; que si se va a malcriar y no servirá para nada. Y en muchos casos, estamos hablando de bebés que no llegan a los seis meses de edad.

Es lamentable y triste ver que cada vez son más las madres que comienzan a ver a la familia y el entorno más como un enemigo que como un apoyo. Y lo peor es que en la mayoría de los casos terminan cediendo (y no las culpo) ante tanta presión y terminan complaciendo a todos: suegros, padres, doctores, PAREJA. Trayendo como consecuencia el corte abrupto del tan importante nexo Madre-teta-hijo que debería ser inviolable por lo menos hasta que este último cumpla los dos años de edad. Y digo por lo menos, porque mientras más se prolongue, más beneficioso será para la salud, no solo física, sino también emocional del niño y del futuro adulto.

Pero existe una columna importantísima que debe convertirse no solo en apoyo, sino también en escudo y espada de la Madre y el bebé, en esta loca y despiadada guerra que la sociedad y el entorno le han declarado mientras amamanta; y es EL PADRE.

Es de vital importancia que el Padre se integre a este círculo de amor, que apoye, escuche, ayude en los quehaceres, dé amor, dé comprensión. Y lo más importante, COLOQUE EN SU LUGAR a todo, óigase bien, TODO el que se quiera meter en la relación Madre-Teta-hijo. Y con Todo quiero decir familia, médicos, vecinos, padres, suegros…….TODOS.

El nexo Madre-teta-bebé, debe estar rodeado solo de amor, paz, armonía y sobre todo de comprensión. Los juicios, las críticas y las observaciones están de más; no importa lo bienintencionados que sean, estorban. Cualquier cosa que altere a la madre o al bebé estorba. Cualquier cosa que aleje al niño de un futuro sano, no solo física sino también emocionalmente, estorba. Así que tú, PAPÁ, si me estás leyendo, coloca en una balanza por un lado la salud física, mental y emocional de tu pareja y tu bebé y por el otro la opinión del entorno. Y verás que la opinión de afuera se convierte en simple ruido. No solo eres un apoyo, eres una parte muy importante del nexo. Ustedes son un círculo, y absolutamente nadie debe romperlo!!!!!!!!

Por Elvis Canino

jueves, 28 de julio de 2011

¿EL CUADRO DE HONOR O EL CUADRO DE DESHONOR?


"Cuando los demás esperan de nosotros que seamos como ellos quieren, nos obligan a destruir lo que realmente somos. Esa es una forma sutil de asesinato. La mayoría de los padres y familiares amorosos lo comete con una sonrisa en su rostro."
(Jim Morrison)

Nos han enseñado a solucionar todo con el premio y el castigo, la aprobación o desaprobación. Es algo que se ha transmitido y continúa transmitiéndose de generación en generación, de casa en casa, de escuela en escuela, de oficina en oficina. Cualquier conducta es aprobada o desaprobada automáticamente por nuestros jueces internos, que enseguida juzgan y condenan lo condenable, o alaban y justifican lo premiable.

Y esto es lo que hemos adoptado como método tradicional de crianza y educación en la sociedad actual; escuchamos y decimos a diario frases tan comunes como:

“Te quiero si te portas bien” “La maestra te castigará si te portas mal” “Papá Noel solo trae regalos a los niños buenos” “Si no me haces caso te llevará el LOCO” “O te portas bien o no vamos al parque” “Aquí se hace lo que yo digo, y punto” “Niños, este es el cuadro de honor, miren quienes aparecen…….”

Y eso es exactamente lo que hacemos: Dos cuadros, uno de honor y otro de deshonor para enmarcar en ellos a quienes se lo merezcan.

Si calificamos, somos obedientes, excelentes estudiantes, hacemos lo que los mayores ordenan sin cuestionar, evidentemente estaremos en el codiciado cuadro de honor y por ende, seremos el orgullo de todos, se nos dará lo que pedimos, se nos amará.

Pero “Ay de aquel que esté en el cuadro invisible del deshonor”…..siempre será señalado como un caso terrible, será privado de ciertos privilegios como hijo y alumno, incluso del derecho básico y natural a los abrazos y mimos. Será marcado por una calificación roja en su boletín escolar. En algunos casos, Papá Noel no se esmerará con su regalo navideño…..y en el peor de los casos (lamentablemente el más común) será comparado despectivamente con los triunfadores del cuadro honorífico, y esto no será nada agradable ni positivo para la pobre criatura.

Los Padres y las escuelas deben concentrarse en cada niño, en sus aptitudes, que son individuales y lo hacen único. Todo niño tiene un potencial en espera de ser estimulado para crecer, expandirse y brillar. Contrariamente, lo que hacemos es darles la misma sobrecarga de conocimientos a todos, mientras calificamos con nota azul o nota roja según su desempeño. No conformes con esto, cuando no van al ritmo del grupo, llamamos a sus padres para alertarlos y etiquetarlos como “alumnos problema”. ¿Nos hemos detenido a pensar que si el niño no va al ritmo de los demás es porque tiene su propio ritmo? ¿Su propia vocación? ¿Su propio Don?

Contrario a esto les damos el mismo torrente inútil de información a todos, para que luego lleguen (si es que llegan) a la hora de decidir una “carrera universitaria” totalmente desorientados; los alejamos tanto de su esencia, de sus talentos, que en la mayoría de los casos ya no recuerdan el camino de regreso a sí mismos. Y para complicar aún más las cosas, comienzan a recibir “orientación” desde afuera, que yo más bien llamaría PRESIÓN:

“Tu familia es de Médicos, ¿Por qué no sigues la tradición?” “Si quieres tener éxito, escoge una carrera que tenga demanda” “¿Antropología? Por favor ¿De qué vas a vivir?” .

Por eso tenemos tantos profesionales amargados, frustrados, tristes, perdidos, esclavos de su trabajo, neuróticos, estresados, enfermos. Estoy seguro de que muchos de ellos, si no todos, serían muy, pero muy felices si la escuela, la sociedad y/o sus familias no los hubiesen alejado tanto de su verdadera esencia. Algunos serian pintores, músicos, sanadores, astronautas, bomberos, actores, arqueólogos, botánicos….incluso médicos, abogados, contadores, pero por vocación y no por imposición o desorientación…..estarían haciendo lo que les gusta, estarían cantando mientras trabajan, y ya no veríamos tantas caras largas en las mañanas acudiendo a cumplir sus DEBERES.

Una de las claves para corregir el desastre que hemos creado como sociedad, está en no alejar a los niños de su esencia, de su Don. Para eso debemos comenzar por aceptarlos tal como son, amarlos y respetarlos, especialmente cuando no se comportan como queremos, y mucho más cuando no se nos parecen, ni se nos quieren parecer.

Debemos abolir para siempre de nuestros hogares y escuelas la cultura PREMIO- CASTIGO.

Debemos eliminar para siempre las etiquetas y las calificaciones, y concentrarnos en aceptar y estimular sanamente, sin presiones, el Don y las aptitudes de cada niño como individuo.

Debemos reemplazar la Cultura del Éxito por la Cultura del SER.

Debemos romper de una vez por todas, los marcos visibles de los cuadros de honor y los invisibles de los del deshonor, ambos solo limitan, comparan y dividen.

Recordemos que los niños son la semilla de la Sociedad, jamás me cansaré de repetir que una semilla mal abonada solo trae una mala cosecha. Si revisamos una sola página cualquiera de un Periódico de cualquier ciudad del Mundo, no será difícil llegar a la conclusión de que llevamos demasiado tiempo abonando mal, pero muy mal, las semillas. Nuestro mundo es un fiel reflejo de eso.

Creo que la revolución de los métodos de crianza y los sistemas educativos debe dejar de ser la propuesta de unos pocos y convertirse en la demanda de muchos, sino de todos. Lamentablemente ya no se trata de una opción, sino de una emergencia planetaria.

Por Elvis Canino