jueves, 2 de junio de 2011

LOS NIÑOS NOS IMITAN!!!!!!!!!!


“……Mirate a ti misma. Busca a la niña que hay en tu interior, sácala y déjala en libertad. Mientras la niña dentro de ti siga llorando y sufriendo, tu poder como madre será confuso.…..” (Vimala Mc Clure – El Tao de la Maternidad)


En sus primeros siete años de vida el niño está totalmente entregado a su medio ambiente. Siente plena confianza, pues él está fusionado con su entorno y no puede sustraerse de esa entrega. Por lo tanto no será lo mismo si el ambiente es armónico o caótico. En esta edad el niño es totalmente maleable, “blando” comparable con la cera. Todo lo incorpora sin barrera protectora, sin filtro alguno y se graba en él.

Él no solo capta percibe e internaliza lo que observa sino más bien lo que anima a las cosas, las personas, etcétera.

No solo ven a su mamá sino que sienten, vivencian sus pensamientos, sus intenciones, su disposición de ánimo, su estado de salud, etc. Y todo lo que observa y vivencia del medio ambiente, lo imita.

Pero no sólo imita lo que ve y escucha sino que al imitar lo vuelve a vivenciar con el modo, las intenciones, afectos, agresiones, etc., es decir con las fuerzas que acompañaron ese hecho, ese episodio, ese instante del cual nosotros como adultos ni nos hemos percatado. Y todo eso se impregna en él.

En la primera infancia el adulto no puede evitar afectar al niño, él actúa sobre el mismo por su sola presencia.

Todos los sentimientos, pensamientos y preocupaciones que ocurren en el mundo interior de los adultos no están ocultos para el niño. Éstas son realidades que el niño hace propias y nos la refleja constantemente.

Los niños observan instintivamente las decisiones que toman sus padres, las libertades y los placeres que se permiten, las capacidades que desarrollan, las aptitudes que ignoran y las reglas que siguen. Todo eso tiene un efecto muy profundo en ellos. Ellos ven en nuestras actitudes un modelo de cómo se debe vivir.

Cuando vemos nuestras propias actitudes indeseables reflejadas en nuestros hijos, los retamos.

El niño no comprende por qué, si sólo está imitando lo que le enseñamos sistemáticamente a diario. No puede discriminar, está entregado y sólo puede absorber y espejarse en aquello que ve reflejado en nosotros y en su entorno.

A partir de los siete años empieza a tener un poco más de autonomía con respecto al ambiente que lo rodea. Ya no imitan tanto nuestras acciones y buscan en otros, nuevas modalidades para manejarse en el mundo.

Pero la vida afectiva de quienes lo rodean y lo que no alcanza a aflorar a la conciencia sigue penetrando inmediatamente en él.

Ya se trate de felicidad o tristeza, tensión nerviosa o serenidad, alegría de vivir o angustia, el niño no solo es fiel testigo de ello, sino que experimenta toda la emoción como si la recibiera a través de un cable subterráneo. Se alimenta de lo que le sucede al adulto y con ese material, por así decirlo, integra los elementos de su vida interna.

Lo que el niño necesita en esta época es que el adulto provea imágenes que lo ayuden y lo orienten a resolver sus problemas y perturbaciones.

En este septenio, su vida psíquica se halla íntimamente vinculada al adulto y de él depende sobremanera. Le parece bueno, justo y hermoso todo lo que a los mayores conmueve y es a través de los ojos de los adultos que poco a poco aprende a ver y conocer el mundo ya se trate de realidad moral o del universo físico.

La fervorosa admiración del adulto hacia ciertos personajes representados, así como su desprecio y aversión por los viles, se transmitirá a los niños inevitable y directamente. Es ésta participación interna la que engendrará su sentido moral y sensibilidad.

(Sandra Aisenberg y Eduardo Melamud – “Tu Hijo como espejo”)

sábado, 21 de mayo de 2011

UN CUENTO??????????


"El condicionamiento paterno es la mayor esclavitud del mundo.."(Osho)


Había una vez un lugar llamado Adultópolis, donde todos trabajaban con mucha prisa, nadie se detenía a oler una flor, mirar el cielo, o preocuparse por otros, pues estaba considerado un crimen “perder el tiempo”. En Adultópolis solo estaba permitido divertirse a costa de otros, especialmente si ese otro era más débil o estaba en un “nivel más bajo”. El lema de Adultópolis era “Trabajo, trabajo y más trabajo....Gasto y evasión, tu mejor elección”. Por lo que quien decidía detenerse a pensar, discernir o simplemente SER, era señalado como raro, por lo menos hasta que recuperara la razón y se reincorporara a la marcha ininterrumpida del trabajo sin fin y la complacencia del YO, síntomas inefables de cordura y buen juicio.

Para relajarse al final de la faena solo estaba permitido hacer cosas preestablecidas como mirar la TV, con programación delicadamente seleccionada por los reyes para mantener a todos asustados, distraídos o increíblemente embobados; emborracharse; fumar o tener sexo para saborear por un rato la libertad de la evasión; y la favorita de la mayoría: COMPRAR, COMPRAR, COMPRAR………….

Existían reglas en Adultópolis para quien elegía mantenerse felizmente aceptado. Pensar por sí mismo estaba totalmente prohibido, con riesgo a ser llamado REBELDE, por lo que antes de que alguien se atreviera a semejante osadía, los encargados del orden: padres, maestros, sacerdotes, doctores, políticos, militares y demás entes autorizados se encargaban de calmarlo con un medicamento, droga, show, amonestación, un susto y hasta con una condena al infierno (Lugar que irónica y teóricamente resultaba más prometedor y atractivo que aquel paraíso llamado Adultópolis).

En Adultópolis se premiaba a quien hacía cosas como: trabajar sin cesar, obtener títulos para adornar la pared y ser "alguien", comprar cosas para ser aceptado y hasta admirado, envidiar el éxito de la gente “hermosa” y “talentosa” según los parámetros establecidos por las revistas, la TV y demás medios del reino, odiar al enemigo impuesto de turno, complacer a la familia y a los demás, mantener los pies en "tierra firme" y creer solo en lo que se veía, o podía ser demostrado por la todopoderosa Diosa razón.

Pero existían cosas que no tenían perdón, a menos que el sospechoso dejara de realizarlas y se reintegrara a la fila; cosas como: soñar despierto, creer en hadas, jugar libre (solo estaba permitido jugar en sitios aceptados, con juegos previamente aceptados y certificados por quienes manejan las cuerdas de este gran teatro de marionetas llamado Adultópolis), ser un niño (simplemente un niño, no un pequeño obligado a portarse como “grande”), reír sin burla, amar a todos, ignorar banderas y fronteras, no estar dispuesto a morir por la patria (o lo que "ellos" llamaban patria)……en fin, Adultópolis condenaba todo lo que pareciera alejar a sus súbditos de la realidad perfecta, y estúpidamente aceptada por todos, llamada Sociedad.

Sus reyes se sentaban complacidos de ver como sus parámetros separaban el bien del mal, la razón de la locura. Viendo como generación tras generación seguía creyendo en lo mismo, haciendo lo mismo, aceptando lo mismo, y por supuesto condenando lo mismo. Usando sus armas secretas: Las escuelas, las familias, los medios de comunicación, las guerras, las adicciones impuestas, el consumismo, la ciencia, las religiones, la política y la más poderosa y efectiva……….EL TEMOR.

Para garantizar su permanencia y su poderío mantenían a raya a su principal enemigo y punto débil: Los niños (únicos seres puros, y con aceptación de sí mismos). Estos, después de ser adoctrinados, alienados e insertados a las filas, eran reutilizados como adultos cuerdos, para encauzar a los que venían detrás, sin parar, en una cadena interminable de sumisión, aceptación y conformismo.

Quienes se atrevían a salirse de la fila eran etiquetados. Los reyes de Adultópolis tenían mucha creatividad para imponer etiquetas, la lista era muy pero muy larga. Utilizaban términos como hippie, paranoico, punk, anarquista, desadaptado, antisocial, hiperactivo, loco, descarriado, paranoico, comunista, rebelde, niño problema, delincuente juvenil, hacker, malcriado, fanático, pecador, terrorista, alborotador. Con estas etiquetas, marcaban a la oveja que salía del rebaño y alertaban a los demás a no hacer lo mismo, so pena de exclusión perpetua de la progresista, rápida, exitosa, segura y cómoda "Sociedad".

Un día como cualquier otro, Adultópolis llegó a su fin. Trabajaron tanto, corrieron tanto, compraron tanto que no se dieron cuenta de que su interminable carrera era una ruleta, que más temprano que tarde, aceleró su autodestrucción. Al principio se mataron unos a otros, luchando por controlar el reino y tener la razón. Luego su planeta cansado de tanto daño, odio y abuso decidió purificarse y barrer todo lo que con la excusa del desarrollo se había convertido en una infección muy dolorosa, por lo que simplemente usó su legítimo derecho a la defensa.

Los pocos que habían sobrevivido a la aniquilación impuesta por la guerra y a la posterior devastación enfermiza generada por el consumismo fueron desapareciendo hasta no quedar ninguno.

Y solo aquellos, los señalados, los que no encajaron nunca, pudieron decir que alguna vez VIVIERON.

Por Elvis Canino

jueves, 5 de mayo de 2011

CAMBIAR DE ABONO!!!!!!!!!!!


"No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino."
(Confucio)


Vivimos en una sociedad muy extraña, según mi criterio, que premia y castiga en vez de simplemente aceptar, que nos inculca la adoración al dinero, y el culto al plasticismo mientras los verdaderos valores y las cualidades más humanistas quedan relegadas al rincón de las peroles viejos sin importancia. Un mundo donde se admira al ejecutivo que ha vendido su alma, y se trata con desprecio al maestro que entrega la suya a la formación de nuestro recurso más preciado, nuestros hijos. Donde se le pone alfombra roja a la actriz que nos deslumbra con su anormal delgadez y se mal paga a la enfermera que día y noche entrega sus dones a quienes carecen de salud. Donde se premia al que miente para conseguir votos, pero se ignora al que dice la verdad sobre la urgencia que tiene la raza humana de despertar y salvarse de su auto condena a muerte. Donde se etiqueta a un niño y se le enseña a depender de la aprobación de padres, maestros y mundo adulto respectivamente, quedando así condenado a ser un ser moldeable de por vida a lo que piense y acepte el resto. Donde se juzga el pensamiento libre, y se cataloga de rebelde o hiperactivo a quien simplemente no puede seguir reglas mal impuestas porque sencillamente tiene personalidad propia.

Si, vivimos en un mundo así, pero es hora y estamos a tiempo de comenzar a cambiar el abono que alimenta la semilla de nuestra especie, es hora de sembrar y rescatar ideas diferentes que aseguren la supervivencia de la raza humana. Ideas que han sido aportadas desde hace mucho por unos pocos, pero que han sido dejadas en letras y hojas de libros cerrados. No podemos permitir que el mundo moderno y la "sociedad" sigan pateando, maltratando y mal abonando a nuestros niños. Quien quiere una buena cosecha cuida la semilla…..y definitivamente, el mundo adulto se está encargando de hacer que la nuestra se marchite mucho antes de germinar.

El éxito como meta exclusiva, la sobre exigencia escolar, el premio-castigo como método de enseñanza, la etiqueta mal llamada calificación, el materialismo desmedido convertido en consumismo enfermizo, la desvalorización de la sencillez, la adulación ciega a la riqueza material, el entretenimiento retorcido y desenfocado que regala la TV y la falta de tiempo libre son entre otros los principales factores de intoxicación de nuestra cosecha. Es de urgencia extrema cambiar de abono; ya no es una opción, sino la única forma de cambiar de rumbo…..porque si de algo estoy totalmente convencido es de que vamos por el equivocado.

Por Elvis Canino

viernes, 25 de marzo de 2011

CUESTION DE CONCEPTOS?


"Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.)"
(Antoine de Saint-Exupéry)


Existe una confusión generalizada entre lo que significa crianza con respeto y lo que algunos lectores del blog han definido como “Crianza caprichosa”. Comencemos a diferenciarlas definiendo sus conceptos básicos según el diccionario:
Criar: Instruir, educar, dirigir.
Respeto: Sentimiento que lleva a reconocer los derechos, la dignidad o decoro de una persona o cosa y a abstenerse de ofenderlos.
Capricho: Deseo vehemente, antojo.
Según estas definiciones podríamos definir “Criar con respeto” como la educación o instrucción que se le da a un niño en casa y en la escuela, enseñándole a hacerse respetar, a sentirse amado, importante y valioso. A saber que sus derechos terminan donde comienzan los de su prójimo, pero absteniéndonos de ofenderlos y por supuesto de maltratarlos.
La “Crianza con capricho” (Término que ha nacido a raiz de muchísimas conversaciones con lectores y allegados) podría definirse como la educación e instrucción donde se satisfacen todos los deseos materiales (o al menos los que están al alcance), donde algunas veces no se maltrata físicamente pero se chantajea emocionalmente, o simplemente se es indiferente a las verdaderas necesidades afectivas, donde se deja de fijar limites y donde se exige el respeto que no se da, o en el peor de los casos se permite irrespetar.
Pero ojo, no hablo del respeto ciego que algunos adultos exigen, más no dan. No se puede pedir lo que no se da. Si irrespetas a un niño, es totalmente absurdo que le exijas respeto a cambio. Si le dices que debe hacerlo simplemente por que eres mayor, y tu conducta hacia con él o hacia los demás es contraria, quizás te temerá, pero no te respetará.
Un niño criado con respeto, respeta. Un niño criado con amenazas o violencia, teme. Un niño criado de manera caprichosa desconoce límites y exigirá complacencia todo el tiempo y en todo lugar (Y no me refiero a complacer las necesidades afectivas reales)
Criar con respeto no es, como muchas personas creen, regalar objetos para "demostrar amor"; satisfacer cualquier deseo material para evitar berrinches; permitir conductas inapropiadas, a veces con violencia incluída, en fin, dejar que los niños hagan lo que les de la gana, cuando y donde les dé la gana. NO, se trata más bien de un dar y recibir amor, atención, tiempo, paciencia. Pero óigase bien, DAR Y RECIBIR; debe ser bidireccional.
La mayoría de los adultos que conozco y oigo quejarse de que sus hijos son irrespetuosos, desconsiderados, caprichosos, mezquinos y una infinita lista de atributos o mejor dicho defectos, debería detenerse a revisar cuantos de estos defectos de carácter no son más que proyecciones de ellos mismos reflejadas como en agua cristalina . Los niños son espejos fieles donde se proyectan sus padres, sus maestros y hasta la misma sociedad; y eso en vez de condenarlo, deberíamos aprovecharlo para nuestro propio crecimiento.
¿Quieres que te dé un secreto para que tus hijos o alumnos te escuchen, con verdadera atencion en caso de que quieras comenzar a enmendar las cosas, por que la comunicación "se te ha salido de las manos”? Deja de hablarles desde el adulto, desde la autoridad unidireccional que exige respeto por que sí y no dá nada parecido a cambio. Háblales desde el suelo, como un niño. Bájate de tu pedestal de progenitor o maestro, ensúciate, acuéstate en el piso y mírale a los ojos con amor, no con autoridad inflexible. Los niños "respetan" el autoritarismo por puro temor. Pero existe alguien que fácilmente logrará conexión con su esencia y su alma, ese es tu propio niño interno y él no sabe hablar desde las alturas del poder, solo sabe conversar y escuchar desde la simpleza, la humildad y el amor, poniéndose a la altura de su interlocutor y mirando el mundo con el mismo cristal limpio y aun a salvo de la suciedad del mundo adulto.

Por Elvis Canino