domingo, 18 de junio de 2017

¿Paternidad irresponsable o desconectada?


Para nadie es un secreto que los hombres (al igual que las mujeres) no disponemos de ningún tipo de preparación para ejercer la paternidad, salvo nuestros propios modelos o figuras referenciales, las cuales, para rematar, a veces brillan por su ausencia.

La paternidad, así como la masculinidad no es algo que pueda ser aprendido en un curso o de lo que se obtenga un diplomado previo, simplemente es un aspecto de nuestras vidas que podemos ejercer o no, de manera consciente y responsable o no, para lo que es necesaria una especie de re-conexión, que reemplazará, si nos la permitimos, cualquier manual o información previa.

Muchos no hemos tenido en nuestra infancia, la oportunidad de, por ejemplo, jugar libremente con muñecas, lo que podría verse como una excelente y hermosa práctica preparatoria para una paternidad responsable. 

Sin embargo y a pesar de esta privación, algunos solemos ser expertos acompañantes de parto, cambiadores de pañales, sanadores de cólicos, saca-gases,  mecedores, “cantaores de nanas”, etc. 

Imaginen entonces cómo sería si nos dejáramos de prejuicios absurdos y no sólo “permitiéramos” sino que promoviéramos estos juegos en nuestros niños varones. Sería mucho más fácil para ellos ser adultos conectados, sensibles y empáticos, características todas indispensables para ejercer una paternidad amorosa.

La paternidad es una hermosa oportunidad para re-conectarnos con el niño que fuimos un día y reconciliarlo con el adulto que somos hoy, pero el primer obstáculo que tenemos que superar para poder lograr esta re-conexión es el miedo, que sumado a la desinformación y a los prejuicios machistas con los que crecemos, se transforma en una especie de barrera que nos impide ver, sentir, identificar y gestionar nuestras propias emociones. 

Desde pequeños crecemos escuchando que no debemos llorar porque tenemos que “ser machos”, que llorar es de niñas (como si ser niña fuese un crimen), que aguantemos el dolor en vez de expresarlo, etc. 

Todo esto no hace más que invalidar y acostumbrarnos a no reconocer nuestras propias emociones, lo que desemboca en una pésima o nula gestión de nuestra inteligencia emocional. Cosa terrible, ya que la agresividad se convierte en una respuesta automática para todo, y la "desconexión" termina traduciéndose en irresponsabilidad y abandono.

Hoy día, y a pesar de lo que las estadísticas aún señalan, podemos ver a muchos varones no sólo preparándose para el nacimiento de sus bebés, sino asistiendo a talleres, conversatorios y cursos sobre crianza respetuosa, educación sin castigos y hasta  lactancia materna (tema que indiscutiblemente también nos compete). Es más común verlos atendiendo emocionalmente a sus hijos, llevándoles cargados, jugando y compartiendo responsabilidades de crianza y educación con sus parejas.

Parece haber una especie de boom de las nuevas masculinidades, más abiertas a re-aprender, a sensibilizarse, a hacer las cosas de otra manera y hasta a sanar sus heridas de infancia y sus carencias emocionales para no repetir sus propias historias con sus hijos. Esto no es casual, y obviamente estos papás tienen que enfrentarse igualmente a la desinformación, los prejuicios y limitaciones sociales que hoy siguen imperando en este mundo aún machista-patriarcal.

Cuando un padre abandona a sus hijos, antes o después de la gestación, posiblemente esté manifestando o repitiendo el mismo abandono que él, de una u otra manera vivió. También vemos que a los que abandonan estando presentes, esto quiere decir que están, pero no están, su presencia física se ve, pero su presencia emocional afectiva no, lo que también suele ser una repetición inconsciente de los esquemas vividos y de las situaciones no sanadas.

Por eso, antes de hablar de “paternidad irresponsable”, deberíamos estar conscientes de que estas personas podrían no ser más que víctimas de víctimas. Eso sí, en el mismo momento en que alguno de ellos decida romper la cadena de abandono, no sólo estará sanándose a sí mismo, sino también a su árbol familiar y al resto de la sociedad.

Por Elvis Canino

lunes, 20 de julio de 2015

Feliz Cumpleaños... No me maltrates, Soy un niño​

Hace un buen tiempo comenzó a gestarse una idea, que se fue materializando poco a poco hasta tomar, hace seis años, la forma que hoy tiene. 
Primero fue una serie de panfletos que escribíamos y que repartíamos por las calles, en el transporte público y a cuanta familia con niños se nos cruzara en el camino. 
Algunos lo rechazaban, otros lo veían como esperando a que nos descuidáramos para lanzarlo en la primera cesta de basura que encontraran, y uno que otro lo leía. Cuando esto último sucedía, mi corazón saltaba de alegría, así como saltó mientras escribí cada una de las líneas de esta nota. 
Así los panfletos tomaron forma de Blog, luego el blog tomó forma de talleres y charlas (Sin dejar de cumplir su función escrita) y poco a poco fue creciendo esa hermosa y sencilla recopilación de reflexiones, sugerencias, cartas, artículos y demás escritos con los que siempre mi alma y la de Janeth​ (Mi compañera de vida y mi amor) han tratado de transmitir un mensaje al mundo, y que podríamos simplificar con las siguientes palabras: No los maltrates, ¿No ves que son niños?.
Agradecemos a cada uno de los que nos han acompañado, a quienes se han marchado, a quienes llegan ahora, a quienes llegarán mañana, maestros todos. 
Agradecemos a los niños, nuestros eternos amigos y maestros, que siempre nos recuerdan qué camino debemos seguir.
Nuestra hija Eva Daniela (Y nuestro primer hijo, que no nació), por elegirnos como compañeros de viaje terrenal... y celestial.
Agradecemos a Dios(a) (Madre-Padre) por recordarnos la senda a seguir, cada mañana al despertar y cada noche al entregar cuentas.
A nuestros padres, madres, hermanos y ancestros por ser parte del linaje sobre el que nos hemos re-construido.
A la Tribu de la Lomita, que con su energía nos ayuda a construir ese Mundo Nuevo al que dedicamos cada sueño, cada palabra y cada acción, así... granito a granito. 
Gracias, Tribu. ¡Los amamos mucho!
Gracias muy especiales a  Yoss Apostol​, creadora de la imagen y logo. Madrina de este sueño.
A Isabella Polito​ y Beltran Lares Diaz​, maestros, amigos, cómplices de sueños y co-creadores de realidades.
A aquell@s que caminaron una vez a nuestro lado, y ya no están.
Al Principito, por darnos ánimo desde su asteroide B-612 cada vez que miramos a las estrellas. Por recordarnos siempre que nuestros problemas son una pequeñez en comparación con la infinitud del Universo.
A nuestros amigos y amigas... herman@s de vida. No puedo nombrarl@s a tod@s. ¡No deseo aburrisr a nadie! 
Si he dejado por fuera a alguien, le pido mil disculpas. Escribir estas pequeñas líneas de agradecimiento ha hecho aflorar más emociones de las que esperaba y de las que puedo manejar hoy. Ustedes saben quiénes son y sabrán comprenderme…
Feliz Cumpleaños, No me maltrates, Soy un niño​.
¡Gracias!
Elvis Canino Doula

domingo, 21 de junio de 2015

Reflexiones de un Papá... un día cualquiera!


Existe un antiguo mito sobre la paternidad que defiende la necesidad de todo padre, o figura masculina (y a veces también femenina), de ser severo en la crianza de sus hijos para poder ser un ejemplo, una verdadera autoridad y alguien a quien se le debe respetar… “porque sí”.
De hecho muchos de nosotros crecimos teniendo un padre que al que no podíamos, por ejemplo, contarle un chiste o tomarle el pelo, sin el terrible riesgo de ser “disciplinados” por medio del castigo o en algunos casos de un terrible grito que nos hacía recordar ese precepto de que “a los adultos se les respeta… y punto”.
Algunos de nosotros tampoco recibimos nunca (o sucedió muy pocas veces) un abrazo, un te quiero, un te amo, o tan siquiera una mirada tierna de aprobación (sonrisa incluida) de parte de la figura masculina con la que crecimos. Y a veces, ni siquiera de parte de nuestra madre…
Sí, es cierto… algunos crecimos sin muestras de afecto.
¿Y es que acaso esos papás y mamás eran malvados? ¿Nos odiaban? ¿Eran nuestros enemigos? Algunos me insistirán de que en su caso, sí, esto era lo que sucedía. Otros me dirán que por supuesto que no. Y otros, sencillamente me dirán: “No sé, dímelo tú!”.
Pues les cuento que la mayoría de estos padres (me encantaría poder decir que todos, pero tengo que ser honesto) desconectados emocionalmente y severos en la forma de criar y educar, sencillamente creían con todo su corazón que esa era la mejor forma de dar amor…
Sí, de dar amor.
Antes de juzgarles, debemos comprender que, a diferencia de muchos de nosotros, la mayoría de ellos contaba con herramientas limitadas, con muchísima menos información y además con el apoyo y aprobación de una sociedad conductista y “adultista”, donde a los niños se les veía más como un producto, que como a un ser humano con derechos y necesidades reales (lamento tener que reconocer que lo de la sociedad no ha cambiado mucho en ese sentido, en la actualidad).
Es justo reconocer que la mayoría de estos padres lo único que pretendía hacer (de la manera en que sabían) era tratar de instaurar valores, principios y educación. No estaban pensando en hacer daño por hacerlo, sino que creían y estaban convencidos de que lo que hacían, lo hacían “por nuestro propio bien” (citando a la psicoanalista Alice Miller).
Hoy día sabemos lo dañino que es para cualquier SER, el castigo, especialmente el físico, para la salud mental, emocional y hasta para el desarrollo del cuerpo y de las habilidades.
Sabemos lo destructivo que es criar y educar en base al chantaje, la manipulación y el maltrato.
De hecho, muchos de nosotros, a pesar de ser (o creer ser) hoy “personas de bien”, y de atribuírselo a la forma severa y a veces demasiado estricta y abusiva en que fuimos criados y educados, sabemos (muchas veces de forma inconsciente) que en el fondo guardamos una terrible carga de rencor y violencia, que justamente tiene su origen en la forma en que nos trataron en nuestros primeros años de vida.
Algunos, hoy, seguimos teniendo relaciones basadas en el chantaje, la manipulación, y a veces, hasta en la violencia, porque muy en el fondo quedamos convencidos de que esa es la única y mejor forma de expresar el amor. Y a veces, hasta llegamos a creer, desde el fondo de nuestros corazones, que MERECEMOS ser tratados así.
Y entonces, ¿Qué hacemos con todo esto? ¿Nos dedicamos a culpar a esos padres severos y a veces, maltratadores con los que crecimos? ¿Nos quedamos estancados en el rencor, la culpa y el remordimiento? O peor aún… ¿Nos dedicamos a defender y justificar la disciplina severa y el castigo físico a los niños y seguimos repitiendo los patrones de violencia que no hacen sino engendrar más violencia? ¿Nos hacemos como que la cosa no es con nosotros y seguimos permitiendo que a los niños se les eduque y se les crie como si se tratara de seres inferiores, incompletos y para quienes los derechos humanos no tienen ninguna validez?
Pues, personalmente creo que por donde quiera que se le mire, la desconexión emocional, la disciplina severa (de hecho, tengan cuidado con el término disciplina, ya que existen una especie de “disciplina rosa”, que no es más que una especie de autoritarismo y conductismo light) y los castigos físicos no tienen cabida en la crianza de nuestros niños, y de hecho en ningún tipo de relación afectiva.
Creo que tenemos ya demasiada violencia en el mundo, como para seguir sembrando más de lo mismo.
La nueva masculinidad, la nueva paternidad, la nueva maternidad, la humanización, la crianza amorosa, la comunicación efectiva, el respeto a los niños han dejado de ser una cuestión electiva, para convertirse en una verdadera URGENCIA colectiva.
De la misma manera en que no es válido, ni éticamente justificable la manipulación, el chantaje y el maltrato en ninguna relación afectiva entre adultos; en la relación afectiva y la construcción de los cimientos morales, éticos y afectivos de los futuros protagonistas de nuestra sociedad, LOS NIÑOS, no tiene cabida ninguna de estas formas destructivas de “formar”, o si bien vale decirlo “deformar y destruir” sus personalidades y su esencia.
Pregúntense, Papá y Mamá, con la mano puesta en el corazón, si desean ser recordados con miedo o con admiración.
Pregúntense si desean ser un modelo a seguir o un modelo a temer.
Pregúntense si desean formar seres obedientes que no cuestionen nada ni a nadie; o si desean dejar al mundo seres libres, con pensamiento propio, capaces de soportar y superar cualquier intento de chantaje, manipulación o alienación de parte de quien sea.
Comiencen, dando el primer paso, que es el perdón. Y perdonen, de una vez por todas, a esos seres que, muchas veces por desconocimiento, lo hicieron de una forma diferente (a veces terriblemente diferente), pero que en el fondo, pensaban que lo que hacían, era lo mejor y único que podían hacer (valga acá la redundancia).
Para poder construir ese mundo que tanto soñamos, hay que abonar primero la tierra donde estamos sembrando las nuevas semillas. Y la mejor forma de abonarla y sanarla es con el perdón. 

Mark Twain dijo una vez: "El Perdón es la fragancia que derrama la violeta en el talón que la aplastó”, y esto se pudiera adaptar a "El Perdón es la fragancia que derrama un hijo sobre su linaje masculino y femenino, hayan hecho lo que hayan hecho”.
Fácil no siempre será, pero ¿Qué tan comprometidos estamos con la construcción de un Mundo nuevo?
Y por cierto, Papás y Mamás que me leen… Feliz día del padre.
Amen, amen, amen a los demás, sin condiciones, sin exigir nada a cambio. 

Y a partir de hoy, que este se convierta en su principal nuevo hábito de vida.


Por Elvis Canino

martes, 21 de abril de 2015

“Con una sonrisa en el rostro”…





 ¿Te has fijado bien en la mirada de un niño?
¿En su transparencia?
¿En el amor que emana de ella?
Los niños son capaces de amar todo, de admirar lo más simple; desde una hormiga que arrastra una hojita hasta su cueva, hasta una nube que toma mil formas, según el viento sopla, mientras cruza lenta y pacientemente el cielo.
Para un niño cualquier cosa es mágica, cualquier momento es un eterno presente. 
No saben de futuro, mucho menos de pasado.
Son tan espontáneos y sencillos,  que a muchos adultos eso les despierta una especie de “envidia inconsciente”.
Lamentablemente para nuestra malograda y malhumorada sociedad, esas no son condiciones óptimas de supervivencia.
Parecemos estar empeñados en reemplazar la inocencia por las máscaras… y por las poses.
Lanzamos a nuestros niños, desde muy pequeños, una serie de etiquetas y calificativos que consideramos importantes (o al menos eso es lo que alguien nos dijo) para su adaptación al mundo.
Nosotros mismos fuimos, en su momento, etiquetados.
Hoy día, parecemos orgullosos de las máscaras que un día nos fueron impuestas.
Tenemos una para cada ocasión; una para el trabajo, otra para los amigos, una para los compromisos sociales, otra para nuestros padres (para que siempre nos amen y nos aprueben), y hasta una para nuestra pareja (esta es la más difícil de mantener, y siempre termina siendo desbaratada por la convivencia).
En fin,  pocas veces nos miramos al espejo sin máscara, porque… sencillamente nos da terror.
Nuestros propios padres, así como también maestros, familiares y otros “opinólogos” de turno (cuya opinión, general e irónicamente, casi nunca ha sido solicitada) suelen “asesinar  nuestra personalidad con una sonrisa en el rostro” (Como dijo una vez el cantante y poeta Jim Morrison), con frases tan inocentes y bien-intencionadas en apariencia, como por ejemplo:
“Pórtate bien delante de los mayores”
“Sé un niño bueno delante de tu maestra”
“No juegues en clases”
“No corras”
“No te ensucies”
“¿No ves que todo el mundo nos mira?”
“¡Cómete todo!”
“Calladito te ves mejor”
“¡Caca!”
Podríamos hacer una lista interminable de las condenas que asesinan la autoestima y la libertad de cualquier niño… ¿Y por qué no decirlo? ¡También de algunos adultos!
El mundo interno de los niños es tan delicadamente puro y hermoso, pero también taaaan frágil, que no es difícil hacerlo añicos.
Con cualquier palabra, gesto o acción (dichos o empleados en el momento y con la actitud “adecuada”) podemos desbaratar ilusiones, petrificar sueños y hasta sepultar cualquier vana esperanza de creatividad.
Como padre, madre, educador o cuidador, procura observar la forma en que te expresas de y con tus niños.
No permitas que tu Ego, alimentado de tu supuesta “superioridad de adulto”, te haga destruir (a veces sin querer) su inocencia, su personalidad y hasta su autoestima.
Evita también transferirles tus máscaras, tus miedos, tus complejos y tus propias limitaciones. Esa no es la herencia que deseas dejarles ¿O sí?
Respeta y admira la transparencia de sus ideas y la franqueza de sus palabras.
Respeta y valora sus sueños.
Evita, sobre todo, presionarles para que “crezcan” antes de tiempo.
No asesines su verdadera esencia “con una sonrisa en el rostro”, como posiblemente un día hicieron contigo… ¡y conmigo!

Por Elvis Canino

lunes, 13 de abril de 2015

Crónicas de los Círculos de Familias en la Lomita del Parque I (Taller 12 de Abril de 2015)







Ayer domingo tuvimos una jornada muy especial en la lomita. Vimos muchas caras nuevas, también otras muchas que ya conocemos. Recibimos también la visita de algunas de las mamás que hemos doulado (Acompañado en sus embarazos y partos), otras a las que les hemos dictado curso prenatal y algunas a quienes hemos acompañado en sus puerperios y lactancias. Ver a estas mujeres (y a algunos de sus compañeros) tan comprometidas y comprometidos con la crianza amorosa de sus pequeños, escucharlas y escucharlos participar, saborear las dulces y mágicas sonrisas de sus bebés, nos transmite un poderoso mensaje: que vale la pena seguir trabajando… y creyendo.

El grupo no solo estuvo bien nutrido, además se sentía el compromiso de cada una de las familias que allí se encontraba. Los niños saltaban, reían y jugaban. El sol, un poco inclemente, sin embargo nos transmitía un agradable calor, un a agradable sensación de estar vivos, de estar acompañados por una fuerza, que es quien nos guía, habla a través de nosotros y nos sigue inyectando fuerzas para que soportemos y nos levantemos en cada contratiempo que la vida y las circunstancias ponen de vez en cuando en nuestro camino.

Algunos viejos amigos, a quienes no veíamos desde hace tiempo, también se hicieron presentes, y ese también fue un poderoso mensaje. Ver sus caras, escucharlos, sentirnos en familia terminó siendo como un bálsamo para nuestros corazones, los cuales de vez en cuando requieren  de esos mimos… Pues también somos humanos, ¡que no se nos olvide!

Presenciamos cosas maravillosas, escuchamos testimonios poderosos. Una Abuela, a quien apreciamos mucho y que nos consta que como educadora está haciendo un poderosísimo esfuerzo por mejorar las cosas en su hogar, en su trabajo y en su entorno, pidió perdón a su hijo frente a todos, por el maltrato que, en una época en que estaba desinformada, le infligió. Debo confesar que para mí fue algo muy significativo y que me movió muchísimas fibras internas, pues recientemente viví la misma experiencia con mi progenitora, y vaya que fue sanador. Cada vez me convenzo más del maravilloso poder que tienen estos círculos de familias, en los que no solo aprendemos todos y cada uno de los presentes, sino que terminamos sanando y reconciliándonos con lo más profundo de nuestro ser.

Escuchamos a otra mamá contarnos el dolor que le provocó presenciar recientemente una escena de maltrato infantil, que la conectó automáticamente con su propio dolor vivido en la infancia.

Una hermosa pareja nos dio testimonio de cómo el colecho les permitió recuperar la paz de su familia, de sus noches y de su bebé. Nos contaron cómo, siguiendo sus instintos y escuchando su corazón, se permitieron re-incluir a su pequeño en la cama junto con ellos y ahora, no solo ya no hay llanto, sino que todos duermen felices y, por supuesto… descansan.

Otra pareja (ambos médicos) nos contaron cómo no solo han incluido la crianza amorosa en su agenda de prioridades, sino que además cada vez que tienen la oportunidad lo recomiendan a cuanta familia se encuentran. Además nos dieron fe de cómo presenciaron y vivieron en carne propia una conexión telepática y musical con su bebé, a quienes solo basta ver una vez para notar lo feliz que es.

Otra mamá nos contó su proceso de empoderamiento, y nos habló con mucha serenidad sobre cómo el poner límites a los adultos (en este caso a su propia madre) la ha ayudado a mantener su postura y su firmeza en su resolución de criar con amor, con respeto y con una comunicación verdaderamente efectiva a su pequeña y hermosa beba.

Un profesor, a quien apreciamos y admiramos mucho, no paraba de tomar nota de todo lo que escuchaba y presenciaba en la jornada. Esto, mientras reposaba apaciblemente con la espalda apoyada al maravilloso y mágico árbol de Yopo que nos protege, que refresca y bendice la lomita en cada una de nuestras reuniones y el resto de los 365 días del año.

Hubo también quienes aprovecharon para ser escuchados, para consultar y aclarar dudas, para tomar fotos, para tomar apuntes mentales y sobre papel. La magia que transmitió cada uno de los presentes se sintió en cada una de nuestras células. Creo que todos, incluyéndonos, nos llevamos algo muy poderoso de esta mañana hermosa y refrescante… con todo y lo intenso del sol.

Nuestro compromiso cada día crece, cada día agradecemos a las familias que CREEN en un mundo mejor, cada día agradecemos a esos pequeños GRANDES MAESTROS: nuestros niños, por enseñarnos con amor, y muy a pesar de nuestra impaciencia, el camino. Cada día nos convencemos más y más de que el amor es la única salida, y por eso pedimos al Universo infinito que nos siga dando fuerzas, para que los círculos familiares en la lomita del parque no dejen de llenar algunos de nuestros domingos de esa paz que tanto necesitan nuestras vidas, nuestras almas, nuestros corazones, nuestro país… y el Mundo entero!

Por Elvis Canino y Janeth Ivimas
 
Taller: Niños y Niñas de Hoy: Crianza y Educación desde el Amor
Domingo 12 de Abril de 2015, 9:30 am
Parque Generalísimo Francisco de miranda (Parque del Este), Caracas